El índice de Incertudumbre Económica de la UCA trepó a 63,4 puntos en septiembre y alcanzó el nivel más alto del año
La incertidumbre económica en la Argentina alcanzó un nuevo máximo en septiembre, impulsada por un combo de señales negativas sobre la actividad y un marcado deterioro en la imagen del Gobierno que encabeza el presidente Javier Milei. De acuerdo con el último informe del Centro de Analítica Económica y Empresarial de la Universidad Católica Argentina […]
La incertidumbre económica en la Argentina alcanzó un nuevo máximo en septiembre, impulsada por un combo de señales negativas sobre la actividad y un marcado deterioro en la imagen del Gobierno que encabeza el presidente Javier Milei.
De acuerdo con el último informe del Centro de Analítica Económica y Empresarial de la Universidad Católica Argentina (UCA), el Índice de Incertidumbre Económica trepó hasta los 63,4 puntos y se consolidó como el valor más alto en lo que va de 2026.
Para encontrar una marca superior en los registros históricos, hay que remontarse a abril de 2025. En aquel momento, el indicador había experimentado un salto notable tras la modificación del régimen cambiario implementada por el Poder Ejecutivo.
Sin embargo, el fenómeno actual reviste una gravedad particular, ya que la suba de septiembre logró superar incluso a los picos de inestabilidad detectados durante todo el período electoral del año pasado.
El informe privado asoció este salto directamente con el humor social y la coyuntura nacional.
El recrudecimiento de las noticias negativas vinculadas con el parate en el nivel de actividad y las preocupantes cifras sobre la evolución de la pobreza funcionaron como los principales motores de la desconfianza generalizada, un escenario que termina de impactar de forma directa en la aprobación de la gestión oficial.
Al profundizar en las principales preocupaciones de los ciudadanos, el trabajo encabezó la lista de menciones con un 20,7%, lo que resaltó el temor social a la desocupación o la precarización. Detrás se posicionaron la política, con un 19,4%, y la inflación, que a pesar de no liderar el podio se mantuvo alta en las prioridades con un 18 por ciento.
En un segundo escalón de la medición aparecieron otras problemáticas estructurales que también erosionan el optimismo general. La pobreza concentró el 11,9% de las respuestas, seguida muy de cerca por los cuestionamientos hacia la corrupción, con un 8,6%, y la eficacia de la política social, que cerró el lote de las mayores inquietudes con un 7,8 por ciento.
Los analistas del centro de estudios advirtieron que el malestar ya no responde a una sola variable, sino a un entramado de factores que se alimentan entre sí y deterioran las expectativas a mediano plazo.
Según se desprende del análisis, para iniciar un camino que logre reducir de forma sostenida los niveles de incertidumbre, «el Gobierno nacional requiere atender frentes simultáneos. Las recetas ya no pueden limitarse exclusivamente a contener la evolución de los precios, sino que deben incorporar medidas urgentes para mejorar las condiciones del mercado laboral y reactivar el aparato productivo«.


